Amstel Nagusia I

Una vez terminadas las fiestas de esta santa ciudad, a uno siempre le da por hacer un poco de balance, o más bien, comparación, con las que comienzan en el siempre modesto Bilbao (que siempre visitamos). Nos hemos pasado la vida quejándonos por la anodina Semana Grande Donostiarra y no vamos a cambiar ahora de opinión faltaría más; el tópico de fuegos y helado sigue pegando con fuerza tanto a pie de calle como en toda la prensa (diría que con especial recochineo desde la ETB más bilbaína) y al césar lo que es del césar, es lo que el ayuntamiento de la ciudad quiere que se destaque, si no de qué ibas a ver al alcalde con gorrico de heladero.

Por otra parte, también las fiestas avanzan hacia su consagración musical y deportiva, los conciertos en sagües te obligan a hacer unos 4kms a pie, cosa que nunca viene mal para bajar el filete o despejar la mente en caso de embriaguez y es que vivimos en una combinación entre ciudad cardiosaludable y cultural, por que no lo neguemos, aquí los jóvenes somos menos y es importante cuidar de la salud de la mediana edad. A pesar de todo, existen ya hoy por hoy una serie de alternativas a la fiesta oficial, en serio, y se pueden hacer otras cosas sin estar plantado junto a la barandilla a las 22.45h, hasta me atrevería a asegurar que algunos de estos planes te permiten acariciar sin problemas el amanecer si eres un poco gambitero. Entre las alternativas destacar la profusión de eventos pinchadisqueros nocturnos en bares, que son el equivalente donostiarra a los clubes de las grandes urbes.

Desde hace unos años, algunos de los (pocos) locales musicales de donostia tienen claro que es necesario nutrir la semana grande con algo de música extra que contrarreste el exceso de pachanguismos que de por si se escucha en la mayor parte de locales, verbenas y barrakas. Bisbal y el Waka Waka a todo trapo y sin cuartel, que le vamos a hacer! Siendo las pinchadas lo más parecido a la cultura de club que podemos disfrutar, es de justicia reconocer que aunque pocos (ondarra, etxkalte, arraun, bukowski y alguno más) son persistentes y es rara la noche en la que no podamos disfrutar de la presencia de algun selector de músicas que merezca ser disfrutado, en alguno de estos garitos.

Empero y he ahi la cuestión, correr como locos a las madrigueras huyendo del bullicio heladero no debería de ser algo por lo que uno debiese estar orgulloso, al menos si se está en fiestas. Por eso la aparición hace unos 7 años de Donostiako Piratak ha supuesto una pequeña chispa de luz en un horizonte bastante oscuro. La iniciativa de los chavales, inteligentes y acertados, ha logrado en unos pocos años que quienes de verdad creen en las fiestas como momento anual de diversión puedan albergar alguna esperanza en Donosti. Tanto los conciertos, como las actividades durante la semana en la Plaza de la trinidad, como sobre todo el Abordaia, permiten vislumbrar un crecimiento de la participación popular dentro de nuestras fiestas, lo que a nadie debería preocupar, a priori.

Pero, la realidad es que la presencia de estos piratas se ha mantenido de alguna manera oculta hasta este mismo año, valiéndose del parapeto de la parte vieja. No es que los piratas hayan decidido ocultarse, sino que más bien, se prefirió que su radio de acción no superase el Boulevard, no vaya a ser que la cosa se contagie. Alguien se imagina a hordas de jóvenes pañuelo en ristre dejandose caer sobre la masa heladera en zonas como Ondarreta, Saguës o la Isla??? Por contra, a nadie le da apuro juguetear con la perversión de comenzar a retocar el nombre, pasando de Aste Nagusia a Amstel Nagusia, como si del FIB Heineken o Heineken Jazzaldia se tratase. Es cierto que esto no ha sucedido de forma oficial o masiva, pero ahi queda la perla, para que vayan acostumbrándose, mejor entregar la plaza a los corsarios que a los Piratas locales?

Nota del autor: Este post es una primera parte escrita hace unos días (muy retrasada por temas de curro)  de un doble texto, casualmente HOY podemos leer esto en el NdG.

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